El Abuelo que saltó por la ventana y se largó (2013) es una película Sueca en coproducción con Rusia, Reino Unido, Francia, España y Alemania; basada en el bestseller homónimo escrito por Jonas Jonasson. Dirigida por Felix Herngren y hablada casi íntegramente en sueco; además de su nominación a un Oscar por mejor maquillaje... no hay muchas razones por las cuales un peruanx promedio haya oído hablar de está película. Pero pasa que la pasaron en el Festival de Cine Europeo del 2015 y se me quedaron las ganas de verla.
Por fin la vi hace unos días al regresar del trabajo, me senté con mi piyama y mis palitos de tejer, lista para una tranquila película de media semana. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un joyón del humor negro contemporáneo. Apenas pude tejer por andar muriéndome a carcajadas, los costados de la panza me dolían y se me fue la voz de tanto emitir risas de hyena. No hay mucho que pueda contarse de esta película sin spoilearla, y lamentablemente spoilearla le quita mucha de la gracia a los chistes, pero voy a tratar de explicarles lo mejor que pueda por qué tienen que pausar lo que sea que estén haciendo en sus vidas para ver esta película.
Es una clásica estructura de peripecias, cada acción tiene una reacción, y estas se van acumulando en forma de bola de nieve cuesta abajo a lo largo de la película. Nos presentan a Allan, un señor que está cumpliendo los 100 años, que decide un día largarse del geriátrico en el que vive porque se le dio el antojo. Su repentina desaparición genera una serie de increíbles y jocosas situaciones que irán uniendo los destinos de personas que no tienen absoluta y completamente nada que ver una con la otra, desde un grupo de mafiosos hasta el encargado de una estación de tren de un pueblo con un sólo habitante. Son las impredecibles acciones de Allan las que mueven toda la trama, las que meten y sacan de problemas a los personajes principales.
Para entender mejor la forma de ser de Allan (y no pensar que su personalidad es un achaque de la edad), paralelamente él mismo nos cuenta su historia de vida, la cual es igual de inverosímil. Allan parece haber estado siempre en el peor momento y en el peor lugar y viceversa, al mismo tiempo, siempre e independientemente del resultado final. No sé si me explico, es como cuando hasta para tener mala suerte tienes buena suerte; te caes de cara al piso y se te rompe la nariz pero te encuentras 100 soles en el piso. Allan ha tenido algo que ver con todos los momentos claves de la historia del mundo contemporáneo, desde la guerra civil española hasta la invención de la bomba atómica, y de alguna forma se las arregló para pasar desapercibido hasta los 100 años de edad (no por mucho tiempo).
Allan, de cierto modo es como un flautista de Hamelin, pero en vez de atraer niños atrae adultos peculiares y muchos problemas. El señor camina por la vida metido en todo en lo que un ser humano puede andar metido. La película finaliza con un lindo lazo rojo que envuelve el final perfectamente feliz que todos deseamos para este grupo de desadaptados solitarios que se encontraron gracias a Allan y al imán gigante de casualidades que tiene pegado en la espalda.
Lo que rescato con más precisión que otros críticos es la neurodiversidad (probablemente no intencional de los personajes). Podemos ver en Allan rasgos de una persona que no comprende del todo los códigos de comportamiento sociales y que suele meterse en problemas al no saber del todo como interactuar con ciertas personas. En personajes secundarios podemos ver rasgos de personalidades depresivas, catastrofizantes, incluso personajes con manías y dificultades de aprendizaje; ningún personaje secundario es bidimensional, todos tienen profundidad, todos tienen particularidades, y muchos no son neurotípicos.
A grandes rasgos es una comedia negra brillante, graciosísima, hilarante, de las que más me han hecho reír los últimos 20 años de mi vida. La recomiendo al 1000% a cualquiera que quiera disfrutar de una comedia inteligente (pero que no peca de snob). Les aviso si la vuelven a poner en el CCPUCP, por lo pronto la pueden encontrar en Netflix.
Por fin la vi hace unos días al regresar del trabajo, me senté con mi piyama y mis palitos de tejer, lista para una tranquila película de media semana. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un joyón del humor negro contemporáneo. Apenas pude tejer por andar muriéndome a carcajadas, los costados de la panza me dolían y se me fue la voz de tanto emitir risas de hyena. No hay mucho que pueda contarse de esta película sin spoilearla, y lamentablemente spoilearla le quita mucha de la gracia a los chistes, pero voy a tratar de explicarles lo mejor que pueda por qué tienen que pausar lo que sea que estén haciendo en sus vidas para ver esta película.
Es una clásica estructura de peripecias, cada acción tiene una reacción, y estas se van acumulando en forma de bola de nieve cuesta abajo a lo largo de la película. Nos presentan a Allan, un señor que está cumpliendo los 100 años, que decide un día largarse del geriátrico en el que vive porque se le dio el antojo. Su repentina desaparición genera una serie de increíbles y jocosas situaciones que irán uniendo los destinos de personas que no tienen absoluta y completamente nada que ver una con la otra, desde un grupo de mafiosos hasta el encargado de una estación de tren de un pueblo con un sólo habitante. Son las impredecibles acciones de Allan las que mueven toda la trama, las que meten y sacan de problemas a los personajes principales.
Para entender mejor la forma de ser de Allan (y no pensar que su personalidad es un achaque de la edad), paralelamente él mismo nos cuenta su historia de vida, la cual es igual de inverosímil. Allan parece haber estado siempre en el peor momento y en el peor lugar y viceversa, al mismo tiempo, siempre e independientemente del resultado final. No sé si me explico, es como cuando hasta para tener mala suerte tienes buena suerte; te caes de cara al piso y se te rompe la nariz pero te encuentras 100 soles en el piso. Allan ha tenido algo que ver con todos los momentos claves de la historia del mundo contemporáneo, desde la guerra civil española hasta la invención de la bomba atómica, y de alguna forma se las arregló para pasar desapercibido hasta los 100 años de edad (no por mucho tiempo).
Allan, de cierto modo es como un flautista de Hamelin, pero en vez de atraer niños atrae adultos peculiares y muchos problemas. El señor camina por la vida metido en todo en lo que un ser humano puede andar metido. La película finaliza con un lindo lazo rojo que envuelve el final perfectamente feliz que todos deseamos para este grupo de desadaptados solitarios que se encontraron gracias a Allan y al imán gigante de casualidades que tiene pegado en la espalda.
Lo que rescato con más precisión que otros críticos es la neurodiversidad (probablemente no intencional de los personajes). Podemos ver en Allan rasgos de una persona que no comprende del todo los códigos de comportamiento sociales y que suele meterse en problemas al no saber del todo como interactuar con ciertas personas. En personajes secundarios podemos ver rasgos de personalidades depresivas, catastrofizantes, incluso personajes con manías y dificultades de aprendizaje; ningún personaje secundario es bidimensional, todos tienen profundidad, todos tienen particularidades, y muchos no son neurotípicos.
A grandes rasgos es una comedia negra brillante, graciosísima, hilarante, de las que más me han hecho reír los últimos 20 años de mi vida. La recomiendo al 1000% a cualquiera que quiera disfrutar de una comedia inteligente (pero que no peca de snob). Les aviso si la vuelven a poner en el CCPUCP, por lo pronto la pueden encontrar en Netflix.




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